miércoles, 24 de febrero de 2010

Buenos aires es una ventana, una postal cruda con colores bien vivos que se estrellan contra la cara y golpean cuando se asoma la cabeza, una ventana o el cuadro en la ventana, una puerta que se abre y encierra, suda y me escapo
la ventana buenos aires se abre infame, empapada en su propia saliva, pegajosa y rendida a su propia belleza, la suya que es la de ser tan suya, tan hija de puta, tan buena hija de puta, y se amontonan las nubes

sobre un techo. me disperso mirando una buenos aires soñada hace tan-pocos-tos años por gente que planeó lo que nunca fue, una buenos aires soñada entre pluma y tinta, utopía hiriente, para mi que soy el pueblo, que miro mi buenos aires como miro la palma de mi mano o al verdulero, incorregible, inamovible, no se puede arrancar, no se puede ceder a la violencia que sale de mi ciudad contra mi, y es violencia que me desarma con la forma de un beso o de una canción.
mi mano abre esa ventana y la traspasa, la vive para dejarse morir en ella, en el paisaje perpetuo, el llanto idiota que nos sale tan lindo, si es buenos aires siempre nos sale lindo, hasta el disturbio, hasta la rendición nos queda bien,

buenos aires ahora ya se vuelve una mirilla, un pedacito de agujero, un hueco dentro de otro hueco, pasar no es quedarse, nunca es quedarse en buenos aires, porque uno no sabe bien si está comiéndosela o está dejándose comer,

un stop.

retrocedo

la ventana está cerrada. Ya no se sabe de qué lado estoy, si de el de la postal o del de afuera, el del berrinche buenos aires, el nacimiento, la tragedia rosa buenos aires, ya no se sabe si es este mi sueño o es buenos aires que se queda dormida a veces y me sueña a mi, si es el sueño de otro, un otro que se deja soñar una tarde nublada, que es cuando la ciudad descansa mas, porque el gris no nos gusta, y el vidrio se empaña, y ya no se ve nada, y ya no se sabe si entrar, si salir o si seguir esperando que todo explote alucinantemente, que todo se descoque con fulgor, con enigma y con toda la agresión que guarda cada calle, que explote la mansión buenos aires, y su imperdonable sentido de levedad, de enfermedad curada con aspirineta y pelotudeo, que explote ventana. Y se vuelva quietud, de una santa vez por todas y para siempre.

miércoles, 20 de enero de 2010


fragmentada y sin palabras

This pain…


Yes, this one...

Does it hurt today?


And is this pain real?




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Un fruto que crece
Yo
el mundo
decir : ahora
o
decir
Basta.
(es azul)
El desastre idiota del amor
y un río
y piedras. Vivas,
Sobre el río
yo
que crezco cautelosa y sin parar
(es naranja)
y después un campo
para decir: basta
o para decir
Siempre.
(no tiene color)
Yo negra
yo luz
yo verde
y el puente se reconstruye sobre mi
soy la base,
si cruzo el puente tengo que moverme
y si me muevo
el puente se desmorona
encima de mi cuerpo

y todo eso
para
inventar un conjunto pelotudo de palabras
para
poder decirlo..
no hace falta decir
que estoy triste.
pero igual


a veces lo digo.

lunes, 14 de diciembre de 2009

la totalidad es la parte ínfima que se elige mirar de la totalidad


Almendra:_ Ahí hay un pozo!

Teo:_Deberias haberlo notado antes. Ahora ya están cerca.

Almendra:_ y que tiene??

Teo:_no tenemos tiempo de escondernos

Almendra:_ el pozo no es para escondernos.

el pozo es para tirarte a vos.

ellos vienen a salvarme.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

AMASANDO EL DESORDEN


En una esquinita acá, ves?




chiquitita, rosa,







esponjosa, brillante, adorable, rubiecitatontería
fulanacomunistatercaviva,

viva,




viva,





viva,









tan viva, tan viva, que llego a espantar...

viernes, 13 de noviembre de 2009

su nombre todos los nombres


Para entonces había empezado a llover. Esas lluvias que vuelven noche las tres de la tarde, pisé el suelo y había tierra que volaba húmeda.


Busqué apenas y ahí estaba: Tranquilo, fresco, fresco y andando.


Yo siempre había tenido el afán de conquistarlo pero no tenía armas, me quedaba corta y entonces tuve que pedir otro vino.


Y sacar todas las verdades a mojarse en la lluvia, porque eran las cuatro de la tarde ahora, y era mas gris y menos negro.








Me he sentado a esperar porque no tuve tiempo ni intenciones de levantar guardia, no quería sufrir de nuevo.


Así que dejé que el día siguiera latiéndome extraño en el cuerpo, en las ganas, porque tenía muchas ganas, y no podía hacer nada con eso.


Estaba adormilada sobre ese deseo, me estaba entregando y sabía que eso no era sano.




Caminé mucho y seguía lloviendo, y encontré dos ríos. Que quedaban muy lejos uno del otro. Entonces amarré los dos ríos. Ofrecían una resistencia admirable, pero los contuve. Y los uní en un sólo río. Y se formó un mar. Un mar manso, sin olas. Y a ese mar, que era enorme pero no infinito, le puse su nombre.


Y después nadé en él. Todo lo que pude. Y antes de ahogarme salí corriendo, empapada y tenía frío. me senté en la orilla y lo miré, lo miré. Durante horas lo admiré. Repetí su nombre una y otra y otra vez, era el bautizmo de mi entrega. Y después los solté. Y los dos ríos se fueron, un poco cada uno con el nombre de él, que de pronto y a veces es el nombre mío.


Y yo volví a casa, todavía un poco mojada y un poco salada también, pero por lo menos ahora no llovía.

Dí por finalizado mi ritual, porque tenía que lavarme, vestirme, elegir una linda cartera y salir a la calle a seguir anotando puntos en ese otro ritual que es la carrera por vivir el mundo como dicen que se debe vivir....








domingo, 1 de noviembre de 2009

paisaje difuminado

Si sentimos la reminiscencia no es casual ni es nuestra tan consagrada creatividad, es que sucede lo que sucede: muerte de la esperanza, el mareo, el cansancio nauseoso de ese condenado lugar. el de siempre, lo demás, lo que nunca existió, se dibuja llanura rosa y arcaica, fruta roja y pudriéndose en algun horizonte del deseo, izar la bandera triunfal, tirando de una cuerda sucia que quema los dedos, y deja llagas, de triunfo trunco, tan alto que deja de ser triunfo y se vuelve férreo maquillaje del fracaso hermano, el perseverante fracaso nuestro de cada día, el que vemos y el que obviamos, el que callamos y el que no queremos oir, y así y todo la sonrisa, terrón de azúcar y bizcochuelo, el festejo lóbrego de confesarse inútil ante la inutilidad del otro.
Y así y todo la vida, en el cielo las estrellas, en el campo las espinas y en en el medio de mi pecho que es mi tierra el yahoraqué que sale grito y se va a ese cielo y se vuela, como la bandera que izamos hace solo un rato nomás.